lunes, 18 de enero de 2010

Amantes


una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío

Alejandra Pizarnik


Estamos solos, siempre estamos solos. Y en esta soledad me reconforto . Sé quien soy y sé quien no soy. Sé que el amor se acerca peligroso y sé que me quedaré quieta, sin atreverme a moverme, dejando que entre lento y despacio como el mar. Envolviéndolo todo, ahogándome, disolviéndome en el todo, alejándome de mí misma. El agua da vida y también mata. He conocido a un hombre de ojos negros y piel negra y pelo negro que tenía el corazón oscuro del desamor. He amado a un hombre sólo con mirarle. Porque en ese hombre está todo el dolor de la Historia, toda la bondad de la esperanza, toda la amargura de la derrota. A veces quisiera ser una isla y que la vida se transformara en mi mirada. Mi cuerpo y mi pecho le dicen a mi mente: necesito amar. Mi cabeza ríe feroz en la noche y contesta: necesitas que te amen. 
Aquí declaro: soy vulnerable. Y tiro con esto toda mi fachada. Un poco más libre cada día.

http://www.youtube.com/watch?v=uS_gGScxLsU&NR=1

sábado, 16 de enero de 2010

la magia

ha sido de repente, sin darme cuenta, cuando ya la esperanza estaba perdida, mis ánimos por los suelos. sin sentido, tartamudeando, volviendo atrás una y mil veces, con muchos silencios, con muecas entre penosas y cómicas, con toda la ilusión de mi corazón, con una enorme sonrisa en la boca y una gran sensación de felicidad. Desde hace un par de días y ya sin parar hablo árabe. Me acuesto todos los días pensando ¿y si mañana me levanto y se me ha pasado la magia? Espero que no porque me hace tan feliz que se me escapa la alegría por las orejas. 

miércoles, 13 de enero de 2010

mis ídolos docentes

http://www.youtube.com/watch?v=1eTsVuJBfHA

lunes, 4 de enero de 2010

jerusalén

estos días son de amigos, de final de curso, de preparar exámenes, de inda que se cuela en mi vida como un regalo, de amor a abde y maría (qué gran suerte tenerles), de viajes. jerusalén es un huracán, un aleph. es amor y odio. es fe y violencia. es lo mejor y lo peor del ser humano juntos. escribo rápidamente porque no tengo tiempo para plasmar todas mis sensaciones y, a la vez, no quiero que se me escapen. necesito hablar de los judíos ortodoxos corriendo por las calles para llegar al muro de las lamentaciones donde se enredan como un murmullo de tirabuzones acompañados de los soldados armados y llenos de fervor adolescente. necesito hablar de los palestinos expulsados, arrinconados en sus barrios sucios y desvencijados donde la pobreza y la violencia escapa por los rincones. necesito hablar de los callejones llenos de luz, de la mezquita que brilla como el oro iluminando la ciudad, mostrándose eterna y resplandeciente con la arrogancia de la resistencia, como un símbolo de la eterna presencia de una historia que no se dejará borrar con tanta facilidad. necesito y me falta el aire, me falta el tiempo, me sobra el corazón encendido por todo lo que estoy viviendo.

lunes, 21 de diciembre de 2009

perro guía

Me dan la clave desde el otro lado del espejo...ser profesor consiste, básicamente, en acompañar en el aprendizaje. Es decir, si algunos de mis alumnos vienen a clase sin boli, no hacen los deberes, no se molestan en pensar porque igual duele, prefieren ir a jugar al fútbol que venir a clase (cosa que yo también preferiría, por cierto, en algunas ocasiones) y un largo étc... no puedo responsabilizarme de forma total de su falta de mejora en la lengua española. Se acercan los finales y mi desesperanza crece...¿he conseguido enseñarle algo a alguien?¿alguien ha mejorado un poco el español?¿alguien ha decidido darle una oportunidad a la literatura?¿alguien ha pensado, mira, qué interesante?...A veces tengo la impresión de que la única persona que está aprendiendo algo aquí soy yo...
Lo peor es que todos mis colegas parecen sufrir el mismo abatimiento...y entonces me pregunto: ¿sirve de algo currarse las clases?¿intentar que sean dinámicas?¿que sean entretenidas?¿que hagan reflexionar?
Oh, Dios de los profesores, baja aquí y dame las respuestas porque, de vez en cuando, tengo crisis de fe...

miércoles, 16 de diciembre de 2009

tutoría

Uno de mis alumnos viene a hablar conmigo después de clase. Me doy cuenta de que va en serio así que me salto el protocolo y comparto un bocadillo con él sentada en un banco de la universidad. Es raro porque es un hombre, yo una mujer, él un alumno, yo una profesora y mientras hablamos yo pienso que a mí no me importa pero quizá a él sí le importa y, desde luego, a quien nos vea sí le importará (y al final del ciclo, concluyo que, tal vez a causa de todo esto, a mí también me importa pero como verdaderamente no quiero que me importe, continúo sentada en el mismo banco con el mismo bocata).

Ahmad me dice que está pensando en dejar la universidad: que no puede más, que no llega, que el trabajo y la universidad se lo comen. Que trabaja a veces 14, 15, 16 horas al día y casi no duerme, que no ve a su madre, que no sale nunca, que piensa que la vida es horrible y se imagina siempre cómo se muere y se acaba todo.

Si hubiera podido decirle lo que pienso le habría dicho: Ahmad, eres joven, la uni no importa mucho, el trabajo importa poco...descubrirás amigos, descubrirás el sexo, descubrirás una mujer por la que pienses que merece la pena haber nacido, tendrás niños, verás playas, otros países, leerás libros que te llevarán lejos, bien lejos, descubrirás tu belleza...que eres lindo por dentro y por fuera, y que los otros compartirán eso contigo. Le miro fijamente, incapaz de encontrar las palabras que le indiquen qué debe hacer y me pregunto qué extraña idea le hará pensar que yo poseo alguna respuesta. Le pregunto qué quiere hacer en su vida y me mira extrañado porque nunca se lo ha preguntado: aquí uno sólo se pregunta eso si vive en un entorno muy concreto. Hablo con seguridad a pesar de que no la tengo, digo palabras de las que luego me arrepentiré, intento ser lo más sincera posible, reconozco todo lo que desconozco y le pido que piense, que no se olvide de pensar en las cosas buenas que tiene su vida. Es breve y sé que cruzo la línea, una vez más, entre profesora y alumno porque ahora ya voy a preocuparme por Ahmad de una manera especial, voy a pensar en que querría escribirle todas las razones que una vez, hace mucho tiempo, yo también tuve que buscar (aunque la gracia del asunto, claro, es ir encontrando tus propias razones), voy a mirar sus exámenes con preocupación, voy a escucharle como alguien que se acerca a un amigo, como se mira a alguien que se ha desnudado delante de ti, desesperado ante la imposibilidad de desnudarse nunca ante nadie más.  Y pienso que últimamente tengo que hacer muchas cosas como si supiera hacerlas cuando, en realidad, no tengo ni idea.